Ideas
El mercado necesita virtud, y la virtud no se compra
por Dionisio Sánchez
El liberalismo económico tiene un problema que sus defensores prefieren no mirar de frente: depende de virtudes que no puede producir.
Un mercado funciona si la gente cumple su palabra, si los contratos se respetan cuando nadie mira, si el fraude produce vergüenza además de multa. Nada de eso lo genera el mercado. Lo generan la familia, la costumbre, la fe, la reputación en una comunidad pequeña —instituciones que el propio mercado, cuando se expande sin límite, tiende a disolver.
Adam Smith lo sabía, aunque casi nadie lo cite por ese lado. Escribió dos libros, y el primero trata sobre los sentimientos morales.
