La libertad no se hereda: se defiende en cada generación
por Dionisio Sánchez
Hay una idea cómoda y falsa que circula entre quienes crecimos en democracia: que la libertad es una herencia. Que alguien, en algún momento, la conquistó de una vez y para siempre, y que a nosotros solo nos toca administrarla.
No es así. La libertad no es un patrimonio; es una práctica. Se sostiene únicamente mientras haya gente dispuesta a sostenerla, y se pierde con una facilidad que sorprende a quienes nunca la vieron perderse.
Basta mirar el continente. En treinta años hemos visto repúblicas enteras entregar sus instituciones —no a la fuerza, sino con entusiasmo— a cambio de la promesa de un orden más justo. Nadie tuvo que dar un golpe. Bastó con ganar una elección y luego, lentamente, desmontar los mecanismos que hacían posible la siguiente.
